martes, 26 de marzo de 2019

Se que te dije que iba a escribir sobre esto, pero la verdad es que sobre esto ya nos dijimos todo, y como me dijiste, no hay que gastarlo con palabras. Palabras que podemos intentar buscar toda una vida, pero al final se resumen en el instante que nuestras pieles entran en contacto; o antes aún, cuando me ves llegar y te veo esperarme sólo separados por una soberbia vidriera que no sé qué se cree, así que la derribo y llego a tu encuentro. Un encuentro que se renueva cada vez y aumenta su intensidad. Una intensidad que no retrocede y alcanza nuevos límites. ¿Habrá un límite que no se pueda pasar? El límite último, el miedo. El miedo siempre estará, y sería insensato negarte que yo también lo tengo. Pero también tenemos esto, esto que nos pasa y no se puede evadir. Y si seguimos evadiendo, ¿en qué nos superamos?
¿Dónde nos quedamos? ¿Cómo seguimos? ¡Tantos miedos para una puerta y yo acá hablando solo! Tantos miedos a los que ya estamos acostumbrados... Y si no hay nada que perder, al menos no perdamos los abrazos.

sábado, 23 de marzo de 2019

 Tan insulso como esta página en blanco. Día tras día me voy completando, con consecuencias y, a veces, con momentos. Pero, a modo de constante, un capítulo queda siempre sin vida. Tuve que aprender a saltearlo y continuar la historia sin él, siempre con esa ambición al principio,  devenida en anhelo al final, subyacente en cada trazo consiguiente de que esa sangría, seguida de mayúscula, corresponda a él.

 Pero aún no aparece. Y al principio desesperaba. Es uno de mis demonios más profundos, uno que apenas entiendo y con el único que mantengo esta guerra fría que, de vez en cuando, como hoy, estalla en algún satélite de mi subconsciente y saco a relucir mi peor tipo de nihilismo: el que construye el sentido de su vida.

 Hoy, en comunión, acepto el posible y fatal desenlace para ese capítulo. Aún no sé cómo decírselo. Quizá haciendo una fiesta antes, o simplemente en confidencia compartiendo unas birras. Lo importante es ser diplomático para no dar lugar a malas interpretaciones. Y nadie quiere una de esas tristezas mudas, pero pasan. Ahí están y con ellas habrá que lidiar en lo que queda de la existencia.
Como verán, no se me dan muy bien las palabras, así que a veces pierdo las batallas.
Como hoy.