Lo malo de la química es que cuesta desprenderse. A veces el destiempo nos desarma el rompecabezas. A veces nuestros mambos presionan, se interponen entre nuestros cuerpos sudados sin que nos demos cuenta, sin previo aviso. A veces sos río y a veces sos lluvia. Marcado tu camino por el viento y la marea siempre. Y cuando sos lluvia y me empapas de vos, llega esa caricia en medio del calor sofocante que suscita la vida.
Pero no termina ahí.
Por un momento pensé en decir que es adictivo, pero lo adictivo suele ser destructivo y vos no haces más que inspirar.
También cuando sos lluvia, como la lluvia, sos casi una prueba de fe. Gozas de una inquietante impredictibilidad. Y aunque siempre andes fluyendo por algún recoveco de mi cerebro, justo cuando llueve es cuando más te pienso.
La magia no existe hasta que aparecés. Y yo acá, otra vez contemplando la lluvia.
lunes, 17 de junio de 2019
sábado, 1 de junio de 2019
Y en este desierto el agua de mi oasis tiene corriente. ¿Corriente en medio del desierto!? ¿Cómo puede ser? Pero es. Y no es inmediata. Bebo un poco, dejo la vida fluir a través de mis tripas y cuando llego a la cúspide del éxtasis, una corriente repentina se activa a lo largo del camino recorrido por el agua. Me penetra y no me perdona hasta que dejo de beber. ¿Y qué hace un hombre sediento frente a todo esto? Pues obviamente seguir bebiendo. Bebiendo como nunca; bebiendo para siempre. Bebiendo hasta la muerte.
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