Y en este desierto el agua de mi oasis tiene corriente. ¿Corriente en medio del desierto!? ¿Cómo puede ser? Pero es. Y no es inmediata. Bebo un poco, dejo la vida fluir a través de mis tripas y cuando llego a la cúspide del éxtasis, una corriente repentina se activa a lo largo del camino recorrido por el agua. Me penetra y no me perdona hasta que dejo de beber. ¿Y qué hace un hombre sediento frente a todo esto? Pues obviamente seguir bebiendo. Bebiendo como nunca; bebiendo para siempre. Bebiendo hasta la muerte.
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