miércoles, 2 de octubre de 2019

Es uno de esos días. Y con todas las cosas maravillosas que pasaron en el medio, sólo escribo para contarte miseria.
 Me levanto entre incertidumbres (para variar) sin mensajes y con un mensaje. Ahí empezó todo. No digo que lo haya causado. La angustia no es una tragedia espontánea. Se cocina a fuego lento y si la miras entre el vapor sólo se muestra una masa semi homogénea, con algunos trozos que sobresalen pero sabes muy bien que el caldo no es sólo de trozos. Y ese trozo fue el mensaje.
Hoy tenía planes escritos con tinta invisible. Concreté uno y lo llamé una conquista. Pero al mostro del desasosiego no le gusta el orden. Enseguida aumenta la dosis. Para colmo, la rutina, el trabajo y todas esas cosas que no pueden dejar de hacerse. Hoy quise desaparecer pero fue el día con las laburo en la semana. Todavía no me decido si es bueno o es malo.

Para conocer al caldo no alcanza con los trozos, pero por el olor te das cuenta. Y había un olor inusual, grisáceo. Distante. No sé si soy yo o simplemente se me abrió algún ojo, porque funciono mejor cuando estoy peor. Será circunstancial? Será inherente? Posiblemente una imposición cultural, quién sabe? Todo vale. Estoy intranquilo y no te quiero molestar porque seré frío pero no un forro y no sé cuánto de esto pasa y cuánto otro imagino.
Nos cuesta encontrar el punto de comunión en las perspectivas que nos construyen. Tal vez porque soy un poco más pesimista de lo que parezco y además la desconfianza es un puñal muy caliente para mi espalda en ciertos contextos, como por ejemplo el nuestro. Me estoy yendo del tema.
En resumen: te sigo extrañando.

lunes, 8 de julio de 2019

Y cuando quieras huir, agarrá mi mano.
Si la apretás bien fuerte, huiremos juntos;
y si no, lo enfrentaremos juntos.

lunes, 17 de junio de 2019

La lluvia

Lo malo de la química es que cuesta desprenderse. A veces el destiempo nos desarma el rompecabezas. A veces nuestros mambos presionan, se interponen entre nuestros cuerpos sudados sin que nos demos cuenta, sin previo aviso. A veces sos río y a veces sos lluvia. Marcado tu camino por el viento y la marea siempre. Y cuando sos lluvia y me empapas de vos, llega esa caricia en medio del calor sofocante que suscita la vida.
Pero no termina ahí.
Por un momento pensé en decir que es adictivo, pero lo adictivo suele ser destructivo y vos no haces más que inspirar.
También cuando sos lluvia, como la lluvia, sos casi una prueba de fe. Gozas de una inquietante impredictibilidad. Y aunque siempre andes fluyendo por algún recoveco de mi cerebro, justo cuando llueve es cuando más te pienso.
La magia no existe hasta que aparecés. Y yo acá, otra vez contemplando la lluvia.

sábado, 1 de junio de 2019

Y en este desierto el agua de mi oasis tiene corriente. ¿Corriente en medio del desierto!? ¿Cómo puede ser? Pero es. Y no es inmediata. Bebo un poco, dejo la vida fluir a través de mis tripas y cuando llego a la cúspide del éxtasis, una corriente repentina se activa a lo largo del camino recorrido por el agua. Me penetra y no me perdona hasta que dejo de beber. ¿Y qué hace un hombre sediento frente a todo esto? Pues obviamente seguir bebiendo. Bebiendo como nunca; bebiendo para siempre. Bebiendo hasta la muerte.

lunes, 22 de abril de 2019

"¿Que otra cosa es un árbol
  más que libertad?
  Si te abrazo es para sentir."




La otra noche me abrazaste y sentí que mi cuerpo se hacía agua. La parte que más me gusta es cuando nos enredamos porque parecemos dos árboles y nuestros cuerpos encajan tan bien entre sí que no me importaría quedarme así hasta petrificarme y me encuentren siendo exhibido en un museo con la expresión en mi cara del mayor de los éxtasis, revelador de una instancia espiritual a la que todos aspiran y se devanan los sesos, mientras tratan de descifrar el misterio del Hombre Árbol petrificado, cuando la respuesta yace en una noche más de otoño enredado en vos.

martes, 26 de marzo de 2019

Se que te dije que iba a escribir sobre esto, pero la verdad es que sobre esto ya nos dijimos todo, y como me dijiste, no hay que gastarlo con palabras. Palabras que podemos intentar buscar toda una vida, pero al final se resumen en el instante que nuestras pieles entran en contacto; o antes aún, cuando me ves llegar y te veo esperarme sólo separados por una soberbia vidriera que no sé qué se cree, así que la derribo y llego a tu encuentro. Un encuentro que se renueva cada vez y aumenta su intensidad. Una intensidad que no retrocede y alcanza nuevos límites. ¿Habrá un límite que no se pueda pasar? El límite último, el miedo. El miedo siempre estará, y sería insensato negarte que yo también lo tengo. Pero también tenemos esto, esto que nos pasa y no se puede evadir. Y si seguimos evadiendo, ¿en qué nos superamos?
¿Dónde nos quedamos? ¿Cómo seguimos? ¡Tantos miedos para una puerta y yo acá hablando solo! Tantos miedos a los que ya estamos acostumbrados... Y si no hay nada que perder, al menos no perdamos los abrazos.

sábado, 23 de marzo de 2019

 Tan insulso como esta página en blanco. Día tras día me voy completando, con consecuencias y, a veces, con momentos. Pero, a modo de constante, un capítulo queda siempre sin vida. Tuve que aprender a saltearlo y continuar la historia sin él, siempre con esa ambición al principio,  devenida en anhelo al final, subyacente en cada trazo consiguiente de que esa sangría, seguida de mayúscula, corresponda a él.

 Pero aún no aparece. Y al principio desesperaba. Es uno de mis demonios más profundos, uno que apenas entiendo y con el único que mantengo esta guerra fría que, de vez en cuando, como hoy, estalla en algún satélite de mi subconsciente y saco a relucir mi peor tipo de nihilismo: el que construye el sentido de su vida.

 Hoy, en comunión, acepto el posible y fatal desenlace para ese capítulo. Aún no sé cómo decírselo. Quizá haciendo una fiesta antes, o simplemente en confidencia compartiendo unas birras. Lo importante es ser diplomático para no dar lugar a malas interpretaciones. Y nadie quiere una de esas tristezas mudas, pero pasan. Ahí están y con ellas habrá que lidiar en lo que queda de la existencia.
Como verán, no se me dan muy bien las palabras, así que a veces pierdo las batallas.
Como hoy.