Empezando por el que genera la incertidumbre, que empieza desde el momento atómico en que el electrón transita su orbital. Cómo pueden pedirle que supere al vacío, cuando éste gobierna hasta en niveles subatómicos, piensa, Ridículo y desesperante. Y después de tantos años, después de tanta sangre derramada, el cinismo le ganó. Lo peor de todo siempre espera ahora. Sin decepción; sin ilusión. Sin sentimiento. El vacío más ignominioso que se pueda imaginar, que rasga al corazón y lo agrieta; que sulfura el alma y extingue la empatía. Sólo del vacío puede hablar. Y aún hablando sólo del vacío, su grial intelectual nunca se agota porque el vacío está en todo. El vacío es infinito y el infinito es un momento. Y aquí piensa que le es difícil imaginar el vacío en sus ojos, cuando la sola impresión en su retina está cargada de universos. “El vacío está en la pérdida, pero también en la dicha” piensa con angustia. Y el ahogo se da, patéticamente, con el vicio. Maldice no poder hacerse adicto a algo que no tenga su perfume. Maldice la pulsión que lo lleva a trascender el deseo y, por lo tanto, arruinar todo. No, no piensa que la trascendencia arruine; pero él no sabe tratar con las consecuencias de la trascendencia. “Y quién sí?” piensa, y se siente estúpido de vuelta. Mece la copa entre su índice y pulgar, mirando el sillón que supo sostenerla la noche anterior. No va a volver, piensa. La sublimación de lo sublime frente a sus ojos, transformándose en un eterno vacío. Piensa que ya está viejo, que no puede más, que está harto de decepcionarse y que a todos nos pasa lo mismo, en algún punto. Algunos se dejan dominar por la ilusión. Ignoran. Se mienten. Logran vivir más tiempo en detrimento de lo sublime. Y quién es uno para juzgar, piensa, si él no es menos miserable a fin de cuentas, ni menos hipócrita. Piensa en todos aquellos seres que conoció que vivieron en el vacío. Poetas que arriesgaban su vida con cada decepción y renacían con cada nueva revelación. Se mira al espejo y se da cuenta de que tenían más que la cama en común, después de todo. Sonríe al realizar el azabache humor de la existencia, se sirve otra copa, se sienta en el sillón que la noche anterior supo sostenerla, piensa en sus ojos, Contempla lo sublime. Se desvanece. La angustia. El vacío.
Él fue hecho para esto.
11/04/16
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