viernes, 15 de febrero de 2019

Nada productivo. Nunca nada productivo. La muerte absoluta se vuelve absolutista. Todo pretende abarcar cuando contamina alguna de tus células. Hay una contrafuerza que existe en constante lucha, pero necesita un estímulo. Ja! Como si sobrasen estímulos una vez que el hastío corroe los cuerpos decapitados de tus sueños. Ya no hay sangre en esos cuerpos. Ya nada fluye por ellos. Sólo bestiales palabras que pretenden darles vida, más no hacen algo mejor que moverlos como marionetas, diciéndoles lo que queres escuchar; cuando la vida es mucho menos que un sueño, pero apenas más que las circunstancias. Y las sogas que me atan no hacen más que delatarme.
Y sí!
Otra cabeza decapitada!

Y quién soy yo para hacer algo, si nunca aprendí a desatar nudos y la vida no es más que una serie de rutinas más o menos rebeladas, sin dependencia pero también sin completa expiación, y los fractales esta noche rebotan sobre sus mismas caras, y no observo más que un loop de mil caras desencajadas en el revoltoso mar de la ansiedad crepitante en los recovecos de mi cráneo. Y aunque apenas puedo controlarla (o tal vez me quiere hacer pensar eso), la escucho, la siento y la sufro. Y me obliga a gatillar sobre la sien de mi dignidad, a pisotear mi escuálido orgullo, a regodearme en mi humillación y a esperar, una vez más,
que sus ojos vuelvan a su cabeza,
y su cabeza vuelva a su cuerpo,
y que yo,
con mi saliva colgando y mis ojos perdidos,
me levante una vez más y le grite a la parte más profunda de su iris:

Estoy listo de nuevo.




20/06/15

No hay comentarios.:

Publicar un comentario