viernes, 15 de febrero de 2019

La oficina esta tranquila. Las bocinas, las sirenas y la gente no parecen cometer abuso sobre esta calma sofocante. Si bien un par de metros me separan del mundo, este parece no interrumpir la resequedad de mis pupilas, el alternado recaer de mis pestañas, los pensamientos en el vacio, tan recurrentes ultimamente, cuando todo lo que necesito es un poco de vacio. La somnolencia, que ya no se si es por haber perdido el sueño por las noches o la esperanza por las mañanas. La ruta, que sigue con piedras, me seduce con sus curvas. Curvas que supe encontrar en las reminiscencias pasadas, que aprendí a odiar y que ahora adoro. Si, histeria tipica del comportamiento caótico, porque todo deviene desde el orden hacia el caos, y toda matematica es tan endeble frente al entrópico agujero del que salí a comprar cigarrillos. Reparo en este vacio, tan conocido, tan abrazado ya, que el vertigo... desapareció; que es un nuevo comienzo. Un nuevo espiritu con las canas del tiempo.



26/03/13

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