martes, 26 de febrero de 2019

Vengo borrando y escribiendo constantemente desde hace una hora porque me haces sentir tantas cosas que están todas desordenadas como los bloques de un rígido sin desfragmentar y... bueno, no me pongo nerd. Perdón.

Recordaba que, X, un ente irrelevante más que por su papel en esta anécdota, me hubo planteado que hay estímulos que corrompen la sensatez del mismo (!?). Te imaginarás mi cara...

No existe una sensación artificiada por un estímulo, sino potenciada por él. La sensación siempre fue sensata. O mejor dicho, existió un estímulo que dio origen a la sensación que luego potenciamos con otro estímulo.
 Porque, otro tema: ¿hasta dónde nuestras sensaciones no son esencialmente producto de estímulos? ¿Cuál es el Estímulo Primigenio? ¿Hay uno?
¿El vino? ¿La música? ¿El tacto? ¿Tus ojos? ...Y me volví a acordar de tus ojos. Volvió el estímulo. ¿Esto tampoco es sensato, X?
Mis latidos, que ya no son míos en este momento,
mis neuronas que sólo existen para volver a formar su imagen,
las ganas de volver a reírnos mientras nos compartimos nuestros pedazos, ya medio rotos pero siempre invaluables en su unicidad, y nos regalamos tiempo; tiempo que se evapora como nuestro sudor entre los gemidos.
 

Lo que no sabes, X, es que somos seres inherentemente curiosos buscándole nuevas caras a los enigmas de siempre.

Qué estúpido pensar que la culpa es del estímulo!

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