viernes, 15 de febrero de 2019

Mediante máquinas podemos ver la proyección espectral de n̶o̶s̶o̶t̶r̶o̶s̶ los fotones que componen la luz, nuestra persona, nuestro universo y nuestra perspectiva. El espectro es tenue. Es un resplandor del fotón al fondo del cuadro, que va tiñiendo todo de una manera paulatina, pero irrefrenable. Me tiñe a mí, que hasta ése momento solo era un conjunto de sombras y encuentro esas fisuras. Tan resecas. Tan viejas. Y encuentro más; encuentro una cadena dorada que se desprende de mí y va dibujando su figura a medida que el espectro la va envolviendo... hasta que llega al cuervo. El cuervo se mueve frenéticamente al verse descubierto. El espectro todo lo envuelve, pero no puede envolver a lo que es oscuro por naturaleza. Lo negro no tiene fondo; no tiene explicación. El cuervo, que antes era instinto, ahora es más y es consciente. Mi espíritu, que era vino, ahora es elixir y comprendo la completitud en mí, en la cadena y en el cuervo. Mis pedazos se desprenden de mí, pero yo sigo dentro. Después de todo, es un sueño. Todo, hasta este momento es un sueño. Todo, hasta que el cuervo canta, hasta que tu piel se desprende, hasta que la cadena se desvanece, hasta que despertás es un sueño.



13/01/16

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